La crianza ya no es lo que era


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Las crianzas de mi abuela

Me he inspirado en la historia que el otro día me contó mi abuela para escribiros este post. Y es que pensar en mi abuela me ilumina, me transmite fuerza, energía, ejemplo, amor, dedicación…

El otro día estaba con mi niña en brazos, y  le dije que me hablara de cómo recordaba la crianza de sus hijos. Reconozco que me sentí un poco violenta cuando le hice la pregunta, porque no sabía si iba a hacerle recordar cosas que le podían hacer daño.

En el fondo sé que mi abuela, no ha sido una mujer feliz, a pesar de parecer tenerlo todo: Un marido, 5 hijos que la adoran, 10 nietos que la quieren con locura, 3 biznietos, una salud de roble… ¿Qué más se puede pedir verdad?… Pues estoy segura que ella solo habría pedido una cosa en su vida: Poder elegir, ser libre en sus decisiones. Y desgraciadamente, estas moderneces, antes no se llevaban mucho.

Probablemente, si hubiera podido elegir, no se hubiera casado. O quizás si… pero no tan joven como lo hizo. Tampoco hubiera tenido hijos, o quizás sí, pero no tantos como tuvo. La vida no se lo puso fácil.

Pasó por seis embarazos, seis partos, con sus seis puerperios, tuvo que pasar por la pérdida de un bebé a los seis meses, un embarazo no deseado casi a los 40 años… con todo lo que esto supone a nivel emocional. Y mi abuelo… trabajando todo el día en el campo. La crianza era solo cosas de mujeres.

Yo lo pienso y me tiemblan las piernas. Si ahora con un solo bebé hay días que nos subimos por las paredes, nos tiramos de los pelos, estamos agotadas, tenemos la sensación continua de que no llegamos a todo, la ayuda de nuestra pareja no nos alcanza… cómo es posible, que mi abuela pudiera con la crianza de seis hijos, con mi abuelo fuera de casa todo el día?

Porque había una tribu de mujeres a su alrededor

Seguro que había días en los que no le llegaban las horas para hacer de comer, pero no pasaba nada porque estaba Martina, la vecina, que le llevaba un poco del puchero que ella había hecho.

Dio de mamar a sus seis retoños, algunos de ellos hasta bien mayores, eso que tan mal visto está ahora. Quizás tuvo dificultades con algunas de sus lactancias, pero solucionó sus problemas, porque estaba Dolores, la  vecina de enfrente que había criado a 4 hijos y era la mar de experta en eso de dar la teta. Llegó a coger tal habilidad que hacía de ama de cría, dando el pecho a aquellos niñxs que estaban un poco más flojos o que sus madres tenían algún problema para hacerlo.

Puede que algún día tuviera que salir a trabajar fuera de casa porque los dineros no llegaban, pero no tuvo problemas de conciliación, porque Remedios, su hermana, tenía un negocio propio y trabajaba desde casa y se podía quedar al cuidado de los niños cada vez que la necesitaba.

Seguro que sus puerperios no fueron nada fáciles y afrontar la pérdida de una hija tampoco lo fue… pero tenía el apoyo incondicional de Isidora, de Remedios, de Martina, de Juana, de Eulalia… que vivían pendientes de ella a cada rato para que no se derrumbara.

Quizás este acompañamiento, este apoyo, ese soporte continuo… fue lo que hizo que mi abuela pudiera con sus seis crianzas.

Las crianzas de ahora

Ahora de milagro podemos con una y es porque nos falta precisamente esto.

El problema no es de nuestros niños. Les echamos la culpa continuamente quejándonos de que demandan mucho, que no duermen, que no se están quietos, que solo quieren brazos y teta… pero ellos no son el problema, solo muestran sus necesidades, son puro instinto.

El problema es que, vivimos en una sociedad en la que la maternidad no se cuida, a nosotras nadie nos cuida

Nadie se preocupa de nuestras heridas emocionales tras el parto, nadie nos trae la comida si no nos da tiempo a hacerla, nadie nos enseña a dar el pecho, porque el primer parto, la primera lactancia que vemos es la nuestra, nadie se hace cargo de nuestros bebés cuando a las 16 semanas nos tenemos que incorporar al trabajo y tenemos que dejarlos con personas desconocidas para ellos.

La gran mayoría de nosotras pasamos las horas a solas con nuestros bebés, Con nuestras parejas si,  qué haríamos sin ellas! pero es que ellos tampoco pueden con todo. Dos personas no son suficientes para suplir la falta de tribu que tenemos,  la falta de apoyo, de sostén.

Y las tareas sea acumulan, porque pretendíamos hacer lo mismo que antes, y no llegamos, el cansancio, la sensación de ser mala madre, nos enfadamos más de la cuenta, gritamos… y lo pagamos con quien menos culpa tiene… con nuestros hijos y luego aparece la culpa, esa gran mochila que pesa sobre nuestras espaldas.

Si eres madre seguro que sabes de los momentos de los que hablo, si estas a punto de serlo no te asustes, aprovecha para prepararte porque te pasará también.

Quizás no tengamos los mismo problemas que tuvo mi abuela, o quizás si… quizás tengamos otras necesidades que ella ni se las planteaba, quizás ella tuvo que enfrentarse a otras dificultades de la época que nosotras tenemos resueltas.  Las épocas son distintas, las realidades diferentes…

Pero hay una cosa que no ha cambiado el tiempo y es esa necesidad de  necesidad de sentirnos acompañadas, apoyadas, escuchadas… y eso por suerte mi abuela si lo tenía.

Si aún no tenéis una tribu de mujeres, te animo a buscarla. Aunque también somos conscientes de que a veces no es fácil contar con un grupo de mujeres de manera presencial. En las zonas rurales quizás sea más sencillo, pero en las grandes ciudades el problema se acrecienta por las largas distancias y los horarios tan justos del día a día.

Es por eso que queremos ayudarte a que encuentres tu tribu, aunque sea en la distancia, para que te sientas acompañada en los días más duros, para escucharte, para darte una palabra de ánimo cuando sientas que ya no puedes más

Si quieres entrar en contacto con un grupo de mujeres, te invitamos a que te unas a nuestro círculo maternal, es gratis!

circulo maternal engumama

 

Muchas gracias por tu valioso tiempo!

Nos vemos por las redes.

Ana <3

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